Ilusiones ópticas de colores: cuando dos tonos iguales parecen distintos

colour optical illusions
colour optical illusions

Estamos acostumbrados a pensar en los colores como propiedades fijas.

Rojo es rojo. Azul es azul.

Pero nuestra percepción no funciona exactamente así.

Un mismo tono puede parecer más claro, oscuro, intenso o incluso ligeramente diferente dependiendo de la luz, las sombras y los colores que lo rodean.

Por eso algunas ilusiones ópticas consiguen algo desconcertante: dos superficies con el mismo color pueden parecernos completamente distintas.

¿Por qué un mismo color puede parecer diferente?

El cerebro no interpreta cada color de forma aislada.

Lo compara constantemente con el resto de la escena.

La luminosidad del entorno, los colores próximos y la presencia de sombras modifican la manera en que percibimos una superficie.

Este fenómeno explica por qué un gris puede parecer más claro sobre un fondo oscuro y más oscuro sobre uno claro, aunque físicamente sea exactamente el mismo.

Es lo que se conoce como contraste simultáneo.

Una idea estudiada desde el siglo XIX

La influencia que ejercen unos colores sobre otros comenzó a estudiarse sistemáticamente mucho antes de que existieran las pantallas o la fotografía digital.

En 1839, el químico francés Michel-Eugène Chevreul publicó su trabajo sobre la ley del contraste simultáneo de los colores, donde describió cómo la percepción de un color cambia según los tonos situados a su alrededor.

Sus observaciones tuvieron influencia no solo en la ciencia del color, sino también en ámbitos como el arte, la pintura, el diseño y las artes decorativas.

La idea sigue siendo sorprendentemente actual: no vemos simplemente un color; vemos un color dentro de un contexto.

Nuestro cerebro también intenta corregir la iluminación

Existe además otro mecanismo fundamental: la constancia del color.

Gracias a ella, seguimos reconociendo una camiseta como azul aunque la veamos bajo la luz cálida de una bombilla, bajo la luz fría de un día nublado o junto a una ventana.

La luz que llega realmente a nuestros ojos cambia, pero el sistema visual intenta estimar qué parte de ese cambio pertenece a la iluminación y cuál al objeto.

Sin esta capacidad, los colores de todo lo que nos rodea parecerían cambiar constantemente a lo largo del día.

Cuando esa corrección engaña al cerebro

El problema aparece cuando una imagen introduce pistas de iluminación o sombra que llevan al cerebro a realizar una corrección equivocada.

Uno de los ejemplos más conocidos es la Checker Shadow Illusion, creada por el profesor del MIT Edward Adelson en 1995.

En ella, dos casillas de un tablero parecen tener tonos de gris claramente distintos.

Sin embargo, ambas tienen exactamente el mismo tono en la imagen.

La diferencia aparece porque una de ellas se encuentra dentro de una sombra aparente. El cerebro compensa esa supuesta falta de iluminación y termina interpretándola como más clara de lo que realmente es.

Es una demostración especialmente clara de que percibir el color implica interpretar también la iluminación y el entorno.

El Cuarto de Colores: cuando cambia la luz, cambia lo que ves

En el Cuarto de Colores del Museo de las Ilusiones de Madrid, este fenómeno deja de estar limitado a una imagen.

La iluminación modifica los colores que percibimos dentro de la sala y transforma visualmente objetos y superficies que permanecen exactamente en el mismo lugar.

El propio museo plantea la experiencia como una demostración de cómo la luz puede cambiar todo lo que vemos.

La explicación está en la propia naturaleza del color.

Los objetos reflejan determinadas longitudes de onda de la luz que reciben. Si cambia la composición de esa luz, también cambia la información que llega hasta nuestros ojos.

El cerebro intenta compensarlo, pero no siempre lo consigue completamente.

Por eso un objeto familiar puede adquirir un aspecto inesperado simplemente cambiando la iluminación.

¿Dónde encontramos este fenómeno fuera de una ilusión óptica?

Mucho más cerca de lo que parece.

Fotografía y vídeo

Una cámara tiene que interpretar el color de la luz que ilumina una escena.

De ahí surge el balance de blancos, que intenta evitar que una fotografía tomada bajo determinadas luces aparezca excesivamente azul, amarilla o rojiza.

El problema es muy parecido al que resuelve nuestro propio sistema visual: distinguir el color del objeto del color de la iluminación. La constancia del color tiene aplicaciones directas en tecnologías de corrección de imagen y visión artificial.

Diseño gráfico y pantallas

El mismo color puede verse diferente dependiendo del brillo de la pantalla, su calibración o los tonos situados alrededor.

Por eso diseñadores y profesionales de imagen no trabajan únicamente con un color aislado, sino con paletas, contraste y contexto.

Moda y decoración

La iluminación de una tienda puede cambiar considerablemente cómo percibimos el color de una prenda.

Lo mismo ocurre con una pintura de pared, una tela o un mueble cuando pasa de una luz artificial a la luz natural.

No es necesariamente que el objeto haya cambiado.

Ha cambiado la luz con la que nuestro cerebro tiene que interpretarlo.

Publicidad y packaging

Colocar un color junto a otro puede hacer que parezca más luminoso, más intenso o menos saturado.

Por eso el contraste cromático se utiliza para destacar productos, llamadas a la acción, envases y elementos gráficos.

¿El color está en los objetos o en nuestro cerebro?

En realidad, el color que percibimos surge de la interacción entre la luz, las propiedades de las superficies, los receptores de nuestros ojos y el procesamiento realizado por el cerebro.

Los objetos reflejan determinadas longitudes de onda, pero la experiencia final del color es una construcción del sistema visual.

Por eso dos estímulos físicamente iguales pueden no parecernos iguales cuando cambia el contexto.

Y dos estímulos diferentes pueden, en determinadas condiciones, parecer sorprendentemente similares.

Descubre cómo la luz cambia los colores en Madrid

En el Museo de las Ilusiones de Madrid, el Cuarto de Colores permite experimentar de forma directa cómo la iluminación transforma nuestra percepción.

Forma parte de las experiencias inmersivas del museo, junto a otros espacios que utilizan la luz, la perspectiva, los reflejos o el movimiento para desafiar nuestros sentidos.

Lo interesante no es únicamente comprobar que un color puede cambiar ante nuestros ojos.

Es descubrir que el color que creemos estar viendo nunca depende únicamente del objeto que tenemos delante.